P. René Butler MS - Cristo Rey - La Elección
La Elección (Cristo Rey: 2 Samuel 5:1-3; Colosenses 1:12-20; Lucas 23:35-43) La mayoría de las Iglesias Católicas no cuentan con una estatua u otra imagen de Jesús sentado en un trono como Rey del Universo. Todas, sin embargo, tienen un... Czytaj więcej
P. René Butler MS - 33er Domingo Ordinario -...
Temor sin miedo (33er Domingo Ordinario: Malaquías 3:19-20; 2 Tesalonicenses 3:7-12; Lucas 21:5-19) Tanto el Profeta Malaquías como Jesús profetizan un tiempo de conflictos. En la primera lectura, “Llega el Día, abrasador como un... Czytaj więcej
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quinta-feira, 24 fevereiro 2022 19:44

Boletim Mensal 004

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terça-feira, 22 fevereiro 2022 07:55

Rosário - Fevereiro 2022

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¿Cristianos modelo?

(2do Domingo de Cuaresma: Génesis 15:5-18; Filipenses 3:17—4:1; Lucas 9:28-36)

¿Quién de nosotros sería tan atrevido como para presentarse a sí mismo como modelo de fe y de vida cristiana? Y sin embargo San Pablo lo hace en la segunda lectura. “Sigan mi ejemplo y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado”.

No se trata de jactancia personal, sino de una honesta declaración de la dedicación de San Pablo a Cristo y a la Iglesia. De su convicción y conciencia personal de haber sido elegido, privilegiado.

Abrám en la primera lectura, y Pedro, Santiago y Juan, en el Evangelio, fueron seleccionados de entre los otros para bendiciones especiales. Abrám recibió la promesa y la alianza de Dios; los discípulos vieron y oyeron cosas asombrosas.

Los otros podrían haberse preguntado ¿por qué ellos y yo no? Pero Abrám y los discípulos podrían a su vez preguntarse, ¿por qué yo y no algún otro? Las escrituras no nos ofrecen respuesta.

En La Salette, ¿por qué a Maximino, por qué a Melania? ¿Por qué no a personas más preparadas para semejante tarea? En nuestro ambiente saletense, ¿por qué tú, por qué nosotros?

Aquellos que realmente experimentan la presencia de Dios se transfiguran, a veces repentinamente, pero normalmente de manera gradual. Vemos esto en la vida de los santos. Quizá tú lo viste en personas que conoces. ¿Has pensado en aquella presencia, “¡qué bien que estamos aquí!?

¿Cómo fue que llegaron a este estado? Muy probablemente, sus transfiguraciones persona(es se entrelazaron con sus conversiones, pues respondieron al mandato del cielo, del que se hace eco en La Salette, “Este es mi Hijo, el Elegido; escúchenlo”.

Dios llevo afuera a Abrám para mostrarle las estrellas. Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan y subió a la montaña para orar y revelar su gloría antes de su viaje final a Jerusalén.

La Bella Señora, manifestada en luz, atrae a las personas primero hacia sí misma, pero las lleva finalmente hacia Jesús. Ella quiere transformar a los pobres pecadores en santos lavados y relucientes en la sangre del cordero.

Así como Abrám o los tres discípulos, ¿Qué promesas oiríamos nosotros, que cosas asombrosas veríamos? No todos nosotros nos transformaremos en modelos a imitar por los demás, pero algunos lo harían. ¿Por qué tu no?

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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Un tiempo de prueba

(1er Domingo de Cuaresma: Deuteronomio 24:4-10; Romanos 10:8-13; Lucas 4:1-13)

La Cuaresma ya está aquí. Hemos tomado algunas resoluciones, quizá ir a Misa diariamente o decir algunas oraciones. Nos hemos impuesto a nosotros mismos ciertos sacrificios (ayunar de dispositivos electrónicos, por ejemplo) posiblemente en vistas de buscar el bien de los demás. En un sentido real, estamos poniéndonos a prueba a nosotros mismos.

Por este mismo hecho, nos estamos exponiendo a la tentación. Podríamos comenzar a cuestionarnos si estamos abarcando mucho, o sentirnos inclinados a hacer algunas excepciones, relajar nuestra disciplina, o redefinir la oración, el ayuno, el dar limosna.

La Cuaresma y La Salette combinan bien. Ambas nos invitan a la conversión y a poner ante nuestros ojos al Cristo Crucificado – sin mencionar el hecho de que la Bella Señora explícitamente mencionó la Cuaresma en su discurso.

En las Escrituras, “tentar” y “probar” se usan indistintamente. Así, al tentar a Jesús en el desierto, el diablo lo estaba poniendo a prueba.

Recordemos que los cuarenta días de Jesús en el desierto ocurren cuando “recién había sido bautizado”. Acababa de escuchar la voz del cielo, “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección“. Es por eso que el diablo comienza dos de las tentaciones diciendo, “Si tú eres Hijo de Dios”. No debemos pensar que Jesús no fue tentado realmente para comprobar aquello.

De manera similar, una experiencia de conversión es típicamente seguida de un tiempo de prueba. Muchos peregrinos en La Salette responden al llamado de María. El desafío para ellos tiene lugar cuando bajan de la montaña y retornan a los quehaceres de la vida diaria, especialmente si no reciben el apoyo de la gente que les rodea.

En la primera lectura, se describe un ritual que hace alusión a los cuarenta años durante los cuales los hebreos deambularon por el desierto luego de que Dios los había liberado de la esclavitud “con el poder de su mano y la fuerza de su brazo” Pusieron a prueba al Señor muchas veces. Hoy, Dios sigue ahí, esperando que nosotros lleguemos a creer con todo nuestro corazón, y pongamos nuestra fe y nuestra confianza en él.

Cada uno de nosotros encontramos nuestra propia manera de vivir la Cuaresma, pero no es una manera puramente personal. Necesitaremos de las oraciones de los demás, de los sacrificios, y de ayuda si queremos realmente peregrinar con Cristo en nuestros corazones y en nuestro espíritu. Animémonos los unos a los otros a rezar más, ayunar más, dar más, mientras nos atrevemos a decir, “No nos dejes caer en la tentación”.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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¿Qué hay en tu corazón?

(8vo Domingo Ordinario: Eclesiástico 27:4-7; 1 Corintios 15:54-58; Lucas 6:39-45)

Hay un anuncio de una tarjeta de crédito que concluye con la pregunta, “¿Qué hay en tu billetera?” El Eclesiástico, en la primera lectura de hoy, y Jesús en el Evangelio, ambos, en efecto, preguntan: “¿Qué hay en tu corazón?” y buscan la respuesta en nuestra manera de hablar.

El Eclesiástico compara la palabra hablada con el grano que se cierne, revelando cuanta sustancia, mucha o poca, hay en nuestra mente y corazón. En La Salette, María usa una imagen, incluso más poderosa. “Si tienen trigo, no deben sembrarlo. Todo lo que siembren se lo comerán los bichos y lo que salga se pulverizará cuando lo sacudan.”

Es, en primer lugar, una advertencia de la hambruna que se viene; pero también es un símbolo elocuente del estado de la fe de su pueblo, que se hizo añicos, arruinada por la indiferencia. ¡Qué terrible tragedia!

También el Evangelio nos recuerda nuestras faltas. Jesús dice, “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?” Puede ser muy fácil criticar a los demás, como si nuestro comportamiento personal y nuestras opiniones fueran una normativa para los demás. Esta actitud, y quizás muchas otras, no son fáciles de superar.

Pero no todo está perdido. Si fuera así, la Bella Señora nunca hubiera venido.

San Pablo, al final del largo capítulo sobre la resurrección, exclama: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? ... ¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por Él no serán vanos”.

Sí, necesitamos ponernos manos a la obra, esforzarnos para vivir nuestra fe con integridad. Sin embargo, la victoria no la logramos nosotros. Está más allá de nuestras fuerzas – pero no de nuestro alcance. En La Salette María nos recuerda los medios puestos a nuestra disposición en la Iglesia y en nuestras vidas personales, dándonos la posibilidad de compartir el triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte.

La esperanza en la victoria es más que simplemente desearla. Se basa en las promesas como la del salmo de hoy: “Trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios”. ¿Está esto en tu corazón?

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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¡Todo un desafío!

(7mo Domingo Ordinario: 1 Samuel 26:2-23; 1 Corintios 15:45-49; Lucas 6:27-38)

En la Salette, María nos recuerda nuestras obligaciones a la hora de honrar el Nombre y el Día del Señor (La misa y el reposo), de respetar la disciplina cuaresmal, y de rezar. Estas están incluidas en su llamado a la sumisión.

Hay abundante material aquí para un examen de conciencia. Pero el Evangelio de hoy nos ayuda a entender que hacer lo que la Bella Señora nos pide es sólo el principio.

Jesús deja claro que espera mucho más de sus discípulos que la observancia de la Ley. Los mandamientos son el fundamento, no toda la estructura. Algunos de sus oyentes deben haber pensado que estaba yendo demasiado lejos al pedir una actitud pacífica, y hasta sumisa, ante los enemigos. En nuestros tiempos tampoco es fácil aceptar exigencias como estas.

¿Nuestra fe nos hace mejores personas? En la primera lectura encontramos un excelente modelo en David. Su fe en el Dios de Israel nunca se tambaleó. Así que, cuando tuvo la oportunidad de destruir a su enemigo mortal, el Rey Saúl, le mostró misericordia, en lugar de lastimar al ungido del Señor.

Esto es lo que el mundo necesita hoy. Es lo que el mundo siempre ha necesitado, y siempre necesitará. Nunca hubo ni nunca puede haber un exceso de caridad, aquel amor que Dios derrama en nuestros corazones. Nunca será perfecto ni pleno, porque, como dice San Pablo en la segunda lectura, llevamos la imagen terrena del hombre terrenal, Adán.

Sin embargo, no debemos desanimarnos. Nunca estamos por encima del poder perdonador de Dios. Podemos, por la gracia de Dios, llevar la imagen del hombre celestial, Jesucristo.

Al mismo tiempo, no debemos ser autocomplacientes, como si nuestros pensamientos y palabras y acciones no le importaran realmente a Dios. El Señor sabe lo que pensamos, lo que decimos y hacemos, pero también conoce nuestros corazones. Por ejemplo, cuando cumplimos el mandato de Jesús, “Dale a todo el que te pida”, ¿es pura nuestra motivación?

¡He aquí el desafío de ser fieles y tener una fe viva! De todo corazón, oremos con las palabras de la oración inicial de hoy: “Concédenos que llevemos a la práctica en palabras y obras cuanto es de tu agrado”.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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sexta-feira, 04 fevereiro 2022 14:47

Salette Info 2021

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sexta-feira, 04 fevereiro 2022 08:56

Salette Info 2021

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