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P. René Butler MS - 27mo Domingo Ordinario -...
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Argentina... - Novo Conselho
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P. René Butler MS - 26to Domingo Ordinario -...
Profetas todos (26to Domingo Ordinario: Números 11:25-29; Santiago 5:1-6; Marcos 9:38-48) En el rito del Bautismo, somos ungidos con el santo crisma, un aceite que simboliza que ahora somos uno con Cristo, el ungido como Sacerdote, Profeta y Rey. El... Czytaj więcej
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sábado, 26 junho 2021 15:01

Rosário - Julho 2021

Published in LEIGOS SALETINOS (POR)

Lo que Fuimos… Lo que Somos

(15to Domingo Ordinario: Amós 7:12-15; Efesios 1:3-14; Marcos 6:7-13)

La conexión saletense con la primera lectura de hoy es obvia. Amós dice, “Yo no soy profeta... sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: Ve a profetizar a mi pueblo Israel”.

La Santísima Virgen habló con los dos niños quienes ciertamente no eran profetas. Los abordó mientras andaban arreando sus vacas, y les dijo, “Lo harán conocer a todo mi pueblo”.

Los Apóstoles, enviados como misioneros por el mismo Jesús en el Evangelio de hoy, podrían decir algo parecido: Yo era solamente un pescador, un cobrador de impuestos, un activista. El Señor me apartó de todo aquello, él cambió mi vida completamente. Más tarde, Pablo, que no era uno de los primeros doce, no dudó en decirles a los demás que él era un perseguidor de la Iglesia hasta que se encontró con Jesús.

Ponte en las sandalias de aquellos hombres. ¿Qué cosa fuiste? ¿Qué eres ahora? Todos, por supuesto, hemos tenido la experiencia de acontecimientos que nos cambiaron la vida. Algunos, como la fe, son fundamentales.

Aun para aquellos que han sido católicos practicantes toda su vida, llega un momento en el que la oración, los sacramentos, la Escritura, etc., toman de repente un nuevo e importante significado personal, adquirieron el valor que nunca antes tuvieron. Eso se llama conversión.

Puede darse gradualmente, pero en La Salette, tiende a ser más repentinamente. Muchos turistas de paso y desprevenidos, regresan luego como peregrinos. Es el confesionario donde la mayoría de los milagros de La Salette tienen lugar.

En la segunda lectura, Pablo nos lo recuerda dos veces, que somos elegidos por Dios. Sin embargo, en ambos casos, el añade. “en él” queriendo decir, en Cristo. Como saletenses podemos sentirnos tentados a pensar que hemos sido elegidos “en María”, pero eso sería incorrecto. El corazón mismo de la Aparición de La Bella Señora es Jesús, cuya imagen crucificada ella lleva cerca de su corazón.

Si creemos de verdad, y tenemos nuestra fe debidamente enraizada en Cristo, entonces podremos dar gloria a Dios cuando nos convoque y nos envíe a profetizar, a proclamar, a hacer conocer un mensaje. Puede que hayamos sido otra cosa, pero ahora al convertirnos y reconciliarnos con Dios por medio de su Hijo, podemos en confianza centrar nuestra atención en la misión, lo que sea, donde sea que nos toque llevarla a cabo.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

Published in MISSAO (POR)
quinta-feira, 24 junho 2021 21:26

Polônia - Capítulo

Capítulo Provincial - Polônia

Em 22 de junho de 2021, teve início no Santuário de Nossa Senhora da Salette, em Dębowiec, o Capítulo da Província B.V.M. Rainha da Polônia, que durará até o dia 3 de julho de 2021. O Capítulo está sendo presidido pelo Superior Geral, Pe. Silvano Marisa.

O tema do Capítulo são as palavras extraídas da fórmula dos votos religiosos da nossa Regra de vida: “Em resposta ao convite de N.S. da La Salette, Reconciliadora dos pecadores”.

Em 25 de junho, foi eleito o novo Conselho Provincial:

Pe. Grzegorz Zembroń, superiore provincial (no centro)

Pe. Jan Kijek, vigário provincial (para a esquerda)

Pe. Czesław Hałgas, conselheiro provincial (para a direita)

Desejamos ao novo Conselho a luz do Espírito Santo em seu serviço à Província.

Published in INFO (PT)

Gracia Suficiente

(14to Domingo Ordinario: Ezequiel 2:2-5; 2 Corintios 12:7-10; Marcos 6:1-6)

La mayoría de nosotros estamos dispuestos a hacer sacrificios por una causa, o por los demás, quizá hasta por nuestra fe. Pero, ¿podemos honestamente decir con San Pablo: “me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo”? ¡Lo cual no es poca cosa!

Con todo, eso es lo que Pablo afirma en la segunda lectura de hoy. Sin embargo, hay que notar que originalmente él no estaba del nada contento al sentirse atormentado por lo que él llama “una espina clavada en mi carne”, y cuando su oración insistente por liberación no fue atendida. Finalmente, el Señor respondió, “Te basta mi gracia”. Aquello fue una revelación para Pablo, y por él, para nosotros.

En la primera lectura se le promete a Ezequiel gracia suficiente. El la describe en la primera lectura como un espíritu entrando en él y haciendo que se ponga de pie, preparándolo para enfrentar al pueblo rebelde de Dios. “Sea que escuchen o se nieguen a hacerlo, sabrán que hay un profeta en medio de ellos”.

¿Has estado alguna vez en esa situación? Hacer que otros se sientan responsables es una tarea ingrata, y aquellos que se sienten llamados a hacerlo pueden ser tachados como la “espina clavada en la carne” y tratados con hostilidad.

Para nosotros que amamos tanto a Nuestra Señora de La Salette, es imposible pensar que alguien pudiera ser hostil a la Aparición. Pero debemos ser conscientes de que algunas cosas en el mensaje y en la historia de La Salette son perturbadoras, tanto para la gente común como para los teólogos.

Maximino y Melania tuvieron que lidiar con aquella oposición; pero recibieron la gracia suficiente para cumplir con su misión en su tiempo y lugar. Aunque recibieron educación, fundamentalmente permanecieron las personas sencillas que siempre habían sido. Como Jesús en el Evangelio, se les criticó por ser quienes eran.

Pero podemos jactarnos de sus debilidades. Veamos lo que se logró por medio de ellos. No puede haber duda de que la Bella Señora los acompañó. ¿Podemos nosotros dudar de que ella nos acompañe?

La conversión es una parte difícil pero esencial del mensaje que cada uno de nosotros se esfuerza en hacer conocer. Que, por aquella gracia suficiente de Dios, el pueblo llegue a saber, en nuestro tiempo y lugar, que un profeta estuvo en medio de nosotros.

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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En la Muchedumbre

(13er Domingo Ordinario: Sabiduría 1:13-15 & 2:23-24; 2 Cor 8:7-15; Marcos 5:21-43)

Imagínate estando en medio de la muchedumbre que seguía a Jesús en el Evangelio de hoy. ¿Aprietas y empujas para estar lo más cerca posible al personaje famoso? ¿O dices, “¡me largo de aquí!” y te apartas a un lugar cómodo desde donde puedas mirar tranquilamente?

Todo depende de cómo te sientes en medio de grupos grandes, siendo empujado, con gente que te apretuja por todos lados, como en la escena que Marcos describe. Pero, ¡espera un poco! Como seguidores de Jesús, ¿no deberíamos estar abiertos a la posibilidad de que alguien entre la multitud pudiera necesitar algo de nosotros?

Evitarse molestias no es una característica de los discípulos de Jesús. Al contrario, estamos llamados a estar atentos a las necesidades de los que nos rodean y a responder según nuestras capacidades. A veces podemos sentirnos inclinados a emitir juicios sobre los que pasan necesidad; en un intento de justificar nuestro comportamiento no cristiano.

Por supuesto, encontramos el mejor ejemplo en Jesús. Pero la mismísima Bella Señora de La Salette nos dice que nunca podremos recompensarle como se merece por los esfuerzos que ella hace por nosotros. Pues, ella viene, con la esperanza de resguardar a su pueblo. Su mensaje puede resumirse con las palabras de Jesús a Jairo: “No temas, basta que creas”.

Si hacemos nuestras esas palabras, bien podemos escuchar la voz de Jesús diciéndonos lo mismo que le dijo a la mujer que lo tocó, “tu fe te ha salvado” y, como a la hija de Jairo, “¡yo te lo ordeno, levántate!”

Quizá esta es la experiencia que hace del Sacramento de la Reconciliación algo tan importante en los Santuarios de La Salette. Cuando nos aproximamos a Jesús en la persona del sacerdote, como la mujer en el Evangelio que “le confesó toda la verdad” creemos en aquel poder que sale de él, que nos sana y nos ayuda a caminar en paz.

Esta experiencia también puede moldearnos, para que podamos estar preparados y deseosos de ser tocados por aquellos que necesitan de reconciliación, sanación, conversión y sosiego. De este modo participamos de “la generosidad de nuestro Señor Jesucristo”, de la cual San Pablo escribe en la segunda lectura.

¡Qué manera tan maravillosa de imitar a Cristo y a nuestra Madre Santísima! Vayamos al mundo presente, con la respuesta del Salmo de hoy en nuestros corazones, “Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste”. ¡Amén! ¡Amén! ¡Amén!

Traducción: Hno. Moisés Rueda, M.S.

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quarta-feira, 02 junho 2021 18:56

Sinodalidade...

Sinodalidade: caminho de vida e missão eclesial

Junho 2021

Seguir a Cristo para se tornar um apóstolo

A palavra inglesa “synod” vem de uma palavra composta grega. Literalmente, deriva do grego “syn” que significa “juntos” e “hodos” que significa “via”, “estrada”, “caminho”, portanto, viajar juntos, caminhar juntos.

Quando olhamos como o ministério de Jesus se desdobra e se desenvolve, essa dimensão da “sinodalidade” está muito presente. E não só porque ao longo do caminho o carisma de Jesus, encarnado no que Ele ensinou e fez, atraiu muitas pessoas a Ele, mas também porque o próprio Jesus não viveu sozinho o seu chamado e a sua missão.

Durante o seu ministério público, Jesus não se dedica apenas a cumprir a missão que o Pai lhe confiou; Ele também é visto empenhado na formação de uma comunidade de seguidores que continuaria sua própria missão, uma vez que Ele ascendesse ao Pai.

A importância desta dimensão no ministério de Jesus é atestada pelo fato de que uma das primeiras coisas que Jesus faz no início de seu ministério público é chamar seus primeiros discípulos (ver por exemplo Mt 4,18-22, Mc 3, 16-19 e Lc 5,1-11). O chamado dos discípulos é um dos momentos-chave do ministério de Jesus.

Além disso, o Evangelho de Marcos também nos torna cientes do objetivo triplo da escolha de Jesus de chamar alguns para segui-lo firmemente. No capítulo 3, nos versículos 14 e 15, Marcos escreve: Ele designou doze  a quem chamou apóstolos  para estarem com Ele e enviá-los a pregar com poder de expulsar os demônios”.

O que é bonito de se notar é o processo de crescimento e transformação que os primeiros seguidores de Jesus experimentaram enquanto caminhavam “com” e “atrás” de seu Mestre de Nazaré. Tal crescimento fica muito claro na forma como os Evangelhos se referem àqueles que costumamos chamar de “Doze Apóstolos”. Na verdade, no início, são identificados simplesmente pelo nome (Mt 4,18;21; Mc 3,16-19), ou pela profissão (Mt 4,18;21), ou pelos laços de família (Mt 4,18;21; Mc 3,17-18). A um certo momento, depois de haver passado um tempo suficiente com Jesus, os Evangelhos se referem a eles como discípulos. Finalmente, no momento do “Grande envio”, eles também são designados como Apóstolos.

Além de pregar a Boa Nova do Reino de Deus, Jesus se preocupou também em formar aqueles que depois continuariam sua obra de evangelização. Pelo que podemos atestar nos Evangelhos, Jesus não considerou a missão que o Pai lhe confiou como um tesouro “pessoal” ou um privilégio. Ao contrário, ele compartilhou sua visão e experiência do Pai com aqueles que seriam responsáveis ​​pela vida da Igreja primitiva. A forma como Jesus conduziu o seu ministério deu início a uma espécie de “efeito dominó”: homens comuns são chamados a segui-lo e a fazer-se discípulos e, por fim, o discipulado sob os cuidados de Jesus os transforma em apóstolos que farão outros discípulos.

Essa dinâmica também está bem atestada no Livro dos Atos dos Apóstolos e em algumas cartas de São Paulo. Dois eventos no livro dos Atos dos Apóstolos podem ilustrar bem esta “sinodalidade” da Igreja primitiva. O primeiro é Atos 6,1-7 e o segundo Atos 15. Em Atos 6, para atender a uma necessidade concreta de cuidar das viúvas negligenciadas na distribuição de alimentos, os doze reúnem todos os discípulos com o propósito de escolher sete homens entre eles conhecidos por serem cheios do Espírito Santo e de sabedoria. Formulada a proposta, o texto diz que “todo o grupo” gostou.

A segunda passagem que ilustra essa sinodalidade da Igreja primitiva é Atos 15, também conhecida como o Concílio de Jerusalém. O texto nos diz que para resolver a questão da eventual circuncisão dos gentios, Paulo e Barnabé são enviados a Jerusalém para encontrar os apóstolos e os anciãos (At 15,2).

O fato de Maria, em La Salette, pouco antes do seu desaparecimento, ter confiado a Maximino e a Melânia a missão de fazer conhecer a sua mensagem a todo o seu povo, reflete esta dinâmica. Aos pés da Bela Senhora de La Salette, Maximino e Melânia tornam-se seus discípulos. Uma vez desaparecida, passam a ser “discípulos-missionários”. Maria os inclui e os deixa participar na missão do Filho. Assim começou um novo efeito dominó que acabaria por levar ao nascimento e crescimento dos Missionários de Nossa Senhora de La Salette. E nós fazemos parte desse efeito dominó!

A oração torna possível o caminhar juntos

“Eis a tua mãe” (Jo 19,27) foi o último desejo de Jesus enquanto pendia sobre o madeiro da cruz. Na sua mensagem deixa implícito o recado de que sua mãe deverá ser tida em conta na comunidade que se reunirá em seu nome, isto é, a Igreja. Aliás, desde os primeiros momentos do surgimento da Igreja, a presença de Maria foi mais do que notória no seu papel de primeira discípula que a si reservou a missão de abrir o tesouro do seu coração para partilhar os desígnios mais profundos do seu Filho. 

Os discípulos, juntamente com Maria, “tinham um só coração e uma só alma” (At 4,32) e juntos trilharam a vida de jesus como o único caminho que leva a seu Pai. De fato, na vida e na missão da Igreja, sinodalidade é ter Jesus como caminho, é caminharmos juntos nesse caminho e sentirmos juntos as implicações da missão da Igreja no mundo.

Quando na sua mensagem a Bela Senhora interroga os dois videntes se fazem bem as suas orações, essa pergunta é dirigida a todos no hoje da nossa história pois a nossa identidade cristã liga-se ao tronco que é Cristo, o Mestre divino que deixou essa prática como lugar e momento privilegiado da sua presença. A Igreja, ao longo dos dois mil anos, considerou sempre a oração como o grande tesouro das graças, o encontro da criatura com o seu Criador marcado na intimidade de corações. Por esta razão, mais do que um mero recordar, a mensagem de La Salette é uma escola aberta para revermos as nossas obrigações e deveres de filhos amados de Deus. 

É lugar comum dizer que em La Salette Maria não traz nova mensagem porque a verdade antiga que se torna novidade no contexto da aparição é o convite à escuta da mensagem de seu Filho, o convite veemente rumo à mudança de vida. Daí poder-se afirmar que o discurso da Bela Senhora se inspira no Evangelho.

A sinodalidade como caminho está sempre presente desde o momento em que a primeira comunidade eclesial recebe de Cristo Ressuscitado a missão de anunciar a Boa Nova a todos os confins da terra. No centro da sua pregação esteve e para sempre estará o kérygma, o anúncio de Jesus morto e ressuscitado para a vida do mundo. Sem ilusões, Paulo deixa-nos bem marcado o nosso dever de pregarmos Jesus Cristo crucificado. 

De fato, a Igreja não se concebe sem a centralidade da cruz. Dos pioneiros da evangelização aprendemos que a cruz é a glorificação de Deus e do Filho de Deus; é a vitória sobre Satanás e sobre todas as potências do mundo; é prova da força de Deus na estrema fraqueza; cria a paz entre Deus e os homens e nova unidade entre os povos. O fato do brilho da cruz que Maria trazia ter chamado mais a atenção de Maximino e Melânia quer dizer-nos que a fidelidade a Cristo crucificado deve ser para nós tarefa de todos os dias. 

Estreitamente ligada à cruz está o centro de toda a vida cristã, a Eucaristia. Esta alimenta o caminho sinodal da Igreja. Sem ela não seremos nada neste mundo incerto.

Nesta caminhada missionária é preponderante a ação do Espírito Santo já que é Ele que sustenta a sinodalidade da Igreja manifestando entre os fiéis, como bem sublinha a Lumen Gentium, o dom da igual dignidade dos batizados, a vocação universal à santidade; a participação de todos os fiéis no ofício sacerdotal, profético e régio de Jesus Cristo; a riqueza dos dons hierárquicos e carismáticos; a vida e a missão de cada Igreja local.

Como família saletina, e seguindo os passos dos primeiros missionários de La Salette, sentimos a sinodalidade na medida em que assumimos em conjunto o carisma da reconciliação.

Maria, caminho de encontro, de escuta e de oração…

Reunidos no Cenáculo, os apóstolos, Maria e os discípulos estavam juntos, orando. Nas suas palavras e pensamentos certamente dominaram os acontecimentos extraordinários dos últimos dias a respeito de Jesus. A sua vida, a sua paixão, a sua crucificação e a sua morte despertaram tristeza e emoção. Mas as suas aparições após a morte, como o Senhor Ressuscitado, despertaram esperança e consolo. Quando o Espírito Santo desceu, a identidade deles mudou: eles se tornaram uma Igreja, à qual Cristo confiou a evangelização de todo o mundo. A Mãe do Senhor esteve presente com eles em Jerusalém, e depois permaneceu ligada à Igreja até a sua Assunção ao Céu, entre outras coisas em Éfeso, e depois da Assunção ficou ao lado do seu Filho e intercede por nós no Céu.

Em La Salette demonstra o seu cuidado pela Igreja e, aproveitando o papel de Rainha dos Céus, chama, através dos pastorzinhos, aos valores que constituem a Igreja.

Em primeiro lugar, enfatiza o papel da Eucaristia. É negligenciada pela maioria dos homens e desprezada como um lugar de encontro íntimo com Deus. Apenas as mulheres idosas participam, enquanto os homens trabalham aos domingos, não o distinguindo dos outros dias da semana. Até o fim do mundo não haverá melhor chance de encontrar o Senhor, senão recebendo Seu Corpo e Seu Sangue em meio à orações e agradecimentos. A nossa atitude, por outro lado, mostra que buscamos outra coisa e nada esperamos de Deus, imersos como estamos nos problemas deste mundo.

Além disso, Maria pergunta aos pastorzinhos como eles oram. A sua resposta sincera, isto é, que não fazem muito bem a oração, leva Maria a recomendar que a oração é necessária, especialmente pela manhã e à noite. A oração da manhã expressa a esperança de viver o novo dia segundo Deus. A oração da noite é uma oportunidade para rever o dia que passou à luz dos mandamentos. Conhecendo-nos bem, Maria recomenda pelo menos duas orações: um Pai-Nosso e uma Ave-Maria. A primeira nos foi ensinada por Jesus, a pedido dos discípulos, a outra nos lembra o anúncio que o Arcanjo Gabriel fez a Maria, revelando sua eleição para ser Mãe do Filho de Deus. Para cada pessoa constituem o mínimo absoluto do que somos solicitados a saber sobre os modelos de oração.

Uma outra coisa lembrada pela Bela Senhora são os fatos da vida quotidiana que confirmam a ligação indissolúvel que existe entre o nosso comportamento e a condição do nosso meio ambiente: as colheitas estragadas, a fome, as doenças, a morte de crianças, a penitência sem fuga e o sofrimento. Tudo isso requer uma referência a Deus, que mantém este mundo existindo. Nós – são estas as palavras de Maria – não fazemos caso. Ela nos adverte, expressando assim o seu cuidado por nós, para que não culpemos a Deus pelos danos e sofrimentos do mundo, mas a nós mesmos. Fomos nós que ativamos a corrupção do mundo, e só depende de nós o que o mundo será no futuro.

No final, Maria mostra como Deus está ciente de tudo o que perturba nossos pensamentos e nossos corações, e lembra a Maximino de um fato pessoal relacionado com seu pai, que ele já havia esquecido. Deus está sempre presente ao nosso lado, nada escapa à sua atenção e ninguém é indiferente a Ele.

Esses fatos indicam que Maria conhece bem a situação do mundo e, por meio das testemunhas de Sua aparição. Ela compartilha esse conhecimento e experiência com todo o seu povo. Ela nem mesmo esconde o fato de que está triste por nossa causa e que Seu Filho não quer mais tolerar tudo isso. Jesus quer agir, mas sua ação pode ser muito difícil para nós entendermos, por isso Maria nos adverte. Não devemos subestimar o que Ela diz. São Paulo diz com razão: Não vos enganeis: de Deus não se zomba. O que o homem semeia, isso mesmo colherá. Quem semeia na carne, da carne colherá a corrupção; quem semeia no Espírito, do Espírito colherá a vida eterna” (Ga 6,7-8). Nesse contexto, a pandemia de Covid-19 pode ser considerada um meio menos doloroso e irritante pelo qual Deus deseja que nos voltemos para Ele, porque Seu braço pesado poderia ter usado um meio muito mais duro.

Flavio Gillio MS

Eusébio Kangupe MS

Karol Porczak MS

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quarta-feira, 02 junho 2021 18:56

Reflexão - Junho 2021

Sinodalidade: caminho de vida e missão eclesial

Junho 2021

Seguir a Cristo para se tornar um apóstolo

A palavra inglesa “synod” vem de uma palavra composta grega. Literalmente, deriva do grego “syn” que significa “juntos” e “hodos” que significa “via”, “estrada”, “caminho”, portanto, viajar juntos, caminhar juntos.

Quando olhamos como o ministério de Jesus se desdobra e se desenvolve, essa dimensão da “sinodalidade” está muito presente. E não só porque ao longo do caminho o carisma de Jesus, encarnado no que Ele ensinou e fez, atraiu muitas pessoas a Ele, mas também porque o próprio Jesus não viveu sozinho o seu chamado e a sua missão.

Durante o seu ministério público, Jesus não se dedica apenas a cumprir a missão que o Pai lhe confiou; Ele também é visto empenhado na formação de uma comunidade de seguidores que continuaria sua própria missão, uma vez que Ele ascendesse ao Pai.

A importância desta dimensão no ministério de Jesus é atestada pelo fato de que uma das primeiras coisas que Jesus faz no início de seu ministério público é chamar seus primeiros discípulos (ver por exemplo Mt 4,18-22, Mc 3, 16-19 e Lc 5,1-11). O chamado dos discípulos é um dos momentos-chave do ministério de Jesus.

Além disso, o Evangelho de Marcos também nos torna cientes do objetivo triplo da escolha de Jesus de chamar alguns para segui-lo firmemente. No capítulo 3, nos versículos 14 e 15, Marcos escreve: Ele designou doze  a quem chamou apóstolos  para estarem com Ele e enviá-los a pregar com poder de expulsar os demônios”.

O que é bonito de se notar é o processo de crescimento e transformação que os primeiros seguidores de Jesus experimentaram enquanto caminhavam “com” e “atrás” de seu Mestre de Nazaré. Tal crescimento fica muito claro na forma como os Evangelhos se referem àqueles que costumamos chamar de “Doze Apóstolos”. Na verdade, no início, são identificados simplesmente pelo nome (Mt 4,18;21; Mc 3,16-19), ou pela profissão (Mt 4,18;21), ou pelos laços de família (Mt 4,18;21; Mc 3,17-18). A um certo momento, depois de haver passado um tempo suficiente com Jesus, os Evangelhos se referem a eles como discípulos. Finalmente, no momento do “Grande envio”, eles também são designados como Apóstolos.

Além de pregar a Boa Nova do Reino de Deus, Jesus se preocupou também em formar aqueles que depois continuariam sua obra de evangelização. Pelo que podemos atestar nos Evangelhos, Jesus não considerou a missão que o Pai lhe confiou como um tesouro “pessoal” ou um privilégio. Ao contrário, ele compartilhou sua visão e experiência do Pai com aqueles que seriam responsáveis ​​pela vida da Igreja primitiva. A forma como Jesus conduziu o seu ministério deu início a uma espécie de “efeito dominó”: homens comuns são chamados a segui-lo e a fazer-se discípulos e, por fim, o discipulado sob os cuidados de Jesus os transforma em apóstolos que farão outros discípulos.

Essa dinâmica também está bem atestada no Livro dos Atos dos Apóstolos e em algumas cartas de São Paulo. Dois eventos no livro dos Atos dos Apóstolos podem ilustrar bem esta “sinodalidade” da Igreja primitiva. O primeiro é Atos 6,1-7 e o segundo Atos 15. Em Atos 6, para atender a uma necessidade concreta de cuidar das viúvas negligenciadas na distribuição de alimentos, os doze reúnem todos os discípulos com o propósito de escolher sete homens entre eles conhecidos por serem cheios do Espírito Santo e de sabedoria. Formulada a proposta, o texto diz que “todo o grupo” gostou.

A segunda passagem que ilustra essa sinodalidade da Igreja primitiva é Atos 15, também conhecida como o Concílio de Jerusalém. O texto nos diz que para resolver a questão da eventual circuncisão dos gentios, Paulo e Barnabé são enviados a Jerusalém para encontrar os apóstolos e os anciãos (At 15,2).

O fato de Maria, em La Salette, pouco antes do seu desaparecimento, ter confiado a Maximino e a Melânia a missão de fazer conhecer a sua mensagem a todo o seu povo, reflete esta dinâmica. Aos pés da Bela Senhora de La Salette, Maximino e Melânia tornam-se seus discípulos. Uma vez desaparecida, passam a ser “discípulos-missionários”. Maria os inclui e os deixa participar na missão do Filho. Assim começou um novo efeito dominó que acabaria por levar ao nascimento e crescimento dos Missionários de Nossa Senhora de La Salette. E nós fazemos parte desse efeito dominó!

A oração torna possível o caminhar juntos

“Eis a tua mãe” (Jo 19,27) foi o último desejo de Jesus enquanto pendia sobre o madeiro da cruz. Na sua mensagem deixa implícito o recado de que sua mãe deverá ser tida em conta na comunidade que se reunirá em seu nome, isto é, a Igreja. Aliás, desde os primeiros momentos do surgimento da Igreja, a presença de Maria foi mais do que notória no seu papel de primeira discípula que a si reservou a missão de abrir o tesouro do seu coração para partilhar os desígnios mais profundos do seu Filho. 

Os discípulos, juntamente com Maria, “tinham um só coração e uma só alma” (At 4,32) e juntos trilharam a vida de jesus como o único caminho que leva a seu Pai. De fato, na vida e na missão da Igreja, sinodalidade é ter Jesus como caminho, é caminharmos juntos nesse caminho e sentirmos juntos as implicações da missão da Igreja no mundo.

Quando na sua mensagem a Bela Senhora interroga os dois videntes se fazem bem as suas orações, essa pergunta é dirigida a todos no hoje da nossa história pois a nossa identidade cristã liga-se ao tronco que é Cristo, o Mestre divino que deixou essa prática como lugar e momento privilegiado da sua presença. A Igreja, ao longo dos dois mil anos, considerou sempre a oração como o grande tesouro das graças, o encontro da criatura com o seu Criador marcado na intimidade de corações. Por esta razão, mais do que um mero recordar, a mensagem de La Salette é uma escola aberta para revermos as nossas obrigações e deveres de filhos amados de Deus. 

É lugar comum dizer que em La Salette Maria não traz nova mensagem porque a verdade antiga que se torna novidade no contexto da aparição é o convite à escuta da mensagem de seu Filho, o convite veemente rumo à mudança de vida. Daí poder-se afirmar que o discurso da Bela Senhora se inspira no Evangelho.

A sinodalidade como caminho está sempre presente desde o momento em que a primeira comunidade eclesial recebe de Cristo Ressuscitado a missão de anunciar a Boa Nova a todos os confins da terra. No centro da sua pregação esteve e para sempre estará o kérygma, o anúncio de Jesus morto e ressuscitado para a vida do mundo. Sem ilusões, Paulo deixa-nos bem marcado o nosso dever de pregarmos Jesus Cristo crucificado. 

De fato, a Igreja não se concebe sem a centralidade da cruz. Dos pioneiros da evangelização aprendemos que a cruz é a glorificação de Deus e do Filho de Deus; é a vitória sobre Satanás e sobre todas as potências do mundo; é prova da força de Deus na estrema fraqueza; cria a paz entre Deus e os homens e nova unidade entre os povos. O fato do brilho da cruz que Maria trazia ter chamado mais a atenção de Maximino e Melânia quer dizer-nos que a fidelidade a Cristo crucificado deve ser para nós tarefa de todos os dias. 

Estreitamente ligada à cruz está o centro de toda a vida cristã, a Eucaristia. Esta alimenta o caminho sinodal da Igreja. Sem ela não seremos nada neste mundo incerto.

Nesta caminhada missionária é preponderante a ação do Espírito Santo já que é Ele que sustenta a sinodalidade da Igreja manifestando entre os fiéis, como bem sublinha a Lumen Gentium, o dom da igual dignidade dos batizados, a vocação universal à santidade; a participação de todos os fiéis no ofício sacerdotal, profético e régio de Jesus Cristo; a riqueza dos dons hierárquicos e carismáticos; a vida e a missão de cada Igreja local.

Como família saletina, e seguindo os passos dos primeiros missionários de La Salette, sentimos a sinodalidade na medida em que assumimos em conjunto o carisma da reconciliação.

Maria, caminho de encontro, de escuta e de oração…

Reunidos no Cenáculo, os apóstolos, Maria e os discípulos estavam juntos, orando. Nas suas palavras e pensamentos certamente dominaram os acontecimentos extraordinários dos últimos dias a respeito de Jesus. A sua vida, a sua paixão, a sua crucificação e a sua morte despertaram tristeza e emoção. Mas as suas aparições após a morte, como o Senhor Ressuscitado, despertaram esperança e consolo. Quando o Espírito Santo desceu, a identidade deles mudou: eles se tornaram uma Igreja, à qual Cristo confiou a evangelização de todo o mundo. A Mãe do Senhor esteve presente com eles em Jerusalém, e depois permaneceu ligada à Igreja até a sua Assunção ao Céu, entre outras coisas em Éfeso, e depois da Assunção ficou ao lado do seu Filho e intercede por nós no Céu.

Em La Salette demonstra o seu cuidado pela Igreja e, aproveitando o papel de Rainha dos Céus, chama, através dos pastorzinhos, aos valores que constituem a Igreja.

Em primeiro lugar, enfatiza o papel da Eucaristia. É negligenciada pela maioria dos homens e desprezada como um lugar de encontro íntimo com Deus. Apenas as mulheres idosas participam, enquanto os homens trabalham aos domingos, não o distinguindo dos outros dias da semana. Até o fim do mundo não haverá melhor chance de encontrar o Senhor, senão recebendo Seu Corpo e Seu Sangue em meio à orações e agradecimentos. A nossa atitude, por outro lado, mostra que buscamos outra coisa e nada esperamos de Deus, imersos como estamos nos problemas deste mundo.

Além disso, Maria pergunta aos pastorzinhos como eles oram. A sua resposta sincera, isto é, que não fazem muito bem a oração, leva Maria a recomendar que a oração é necessária, especialmente pela manhã e à noite. A oração da manhã expressa a esperança de viver o novo dia segundo Deus. A oração da noite é uma oportunidade para rever o dia que passou à luz dos mandamentos. Conhecendo-nos bem, Maria recomenda pelo menos duas orações: um Pai-Nosso e uma Ave-Maria. A primeira nos foi ensinada por Jesus, a pedido dos discípulos, a outra nos lembra o anúncio que o Arcanjo Gabriel fez a Maria, revelando sua eleição para ser Mãe do Filho de Deus. Para cada pessoa constituem o mínimo absoluto do que somos solicitados a saber sobre os modelos de oração.

Uma outra coisa lembrada pela Bela Senhora são os fatos da vida quotidiana que confirmam a ligação indissolúvel que existe entre o nosso comportamento e a condição do nosso meio ambiente: as colheitas estragadas, a fome, as doenças, a morte de crianças, a penitência sem fuga e o sofrimento. Tudo isso requer uma referência a Deus, que mantém este mundo existindo. Nós – são estas as palavras de Maria – não fazemos caso. Ela nos adverte, expressando assim o seu cuidado por nós, para que não culpemos a Deus pelos danos e sofrimentos do mundo, mas a nós mesmos. Fomos nós que ativamos a corrupção do mundo, e só depende de nós o que o mundo será no futuro.

No final, Maria mostra como Deus está ciente de tudo o que perturba nossos pensamentos e nossos corações, e lembra a Maximino de um fato pessoal relacionado com seu pai, que ele já havia esquecido. Deus está sempre presente ao nosso lado, nada escapa à sua atenção e ninguém é indiferente a Ele.

Esses fatos indicam que Maria conhece bem a situação do mundo e, por meio das testemunhas de Sua aparição. Ela compartilha esse conhecimento e experiência com todo o seu povo. Ela nem mesmo esconde o fato de que está triste por nossa causa e que Seu Filho não quer mais tolerar tudo isso. Jesus quer agir, mas sua ação pode ser muito difícil para nós entendermos, por isso Maria nos adverte. Não devemos subestimar o que Ela diz. São Paulo diz com razão: Não vos enganeis: de Deus não se zomba. O que o homem semeia, isso mesmo colherá. Quem semeia na carne, da carne colherá a corrupção; quem semeia no Espírito, do Espírito colherá a vida eterna” (Ga 6,7-8). Nesse contexto, a pandemia de Covid-19 pode ser considerada um meio menos doloroso e irritante pelo qual Deus deseja que nos voltemos para Ele, porque Seu braço pesado poderia ter usado um meio muito mais duro.

Flavio Gillio MS

Eusébio Kangupe MS

Karol Porczak MS

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